martes, 3 de julio de 2007

Acerca de la escuela de musica tradicional

Por: Leonidas Valencia

Hoy en día el acerbo cultural tradicional ha tomado una gran fuerza en las sociedades contemporáneas. Las músicas tradicionales son códigos comunicacionales que representan realidades históricas y sociales, demarcan territorio en un mundo globalizado y sirven de fuente de inspiración en la estructura básica de las diferentes músicas que las culturas han construido y desarrollado como BANCOS GENETICOS. Ese GRAN CAPITAL CULTURAL genera valores, permite que las comunidades se reconozcan entre sí y visualiza las especificidades o particularidades en un tiempo y espacio determinado. De esta manera, las músicas tradicionales promueven el reconocimiento a la diferencia y la diversidad.

LA ESCUELA DE MÚSICA TRADICIONAL DE LOS MUNICIPIOS, debe ser un espacio cultural donde se profese una vocación de transmisión de conocimientos o practicas que tradicionalmente se han venido legando, o comunicando de manera espontánea e informal. Estas prácticas están basadas en la oralidad y experimentación, casi que mecánicamente y se pretende un diálogo entre el saber tradicional y lo académico para obtener un resultado satisfactorio acorde con el momento histórico que vivimos en un mundo globalizado que indirectamente pueda atentar contra ese saber tradicional. Visto de este modo, necesitamos implementar una escuela que desarrolle relaciones dinámicas con la comunidad y los portadores de ese saber tradicional, que se mantenga y se fortalezcan los lazos unificadores, es decir, la conexión con la vida cotidiana de las comunidades en donde tenga un papel preponderante sus intereses específicos propios o comunes como fuente de identidad.

Las escuelas de música tradicional son el vehículo o ente cohexionador de tejido social, desempeñando un rol unificador de la comunidad en torno a sus músicas propias y de entendimientos de las foráneas, en donde se crée, se recrée y se asuma la práctica musical como un elemento vivificador de su realidad cotidiana (siendo la comunidad protagonista y constructora de su pensamiento musical).

La escuela obliga a un diseño de estrategias pedagógicas que permitan una amplia cobertura de población al contrario de las habituales formas de transmisión de los conocimientos en el ámbito meramente tradicional (Reducido ó casi personalizado). Una escuela asume nuevos niveles de desarrollo técnico- instrumental propias de la circulación contemporánea en los que los jóvenes encuentren herramientas efectivas de comunicación acordes con su época, su sentir y sus dinámicas tradicionales ó adaptaciones, incorporaciones tecnológicas, sonoridades y visiones nuevas; ya que las músicas tradicionales son dinámicas y alcanzan grandes niveles de transformabilidad.

La escuela debe estar presta a diseñar e implementar sus procesos formativos; es decir, debe ser una escuela abierta a la globalidad, una escuela acorde con los tiempos y velocidades en que avanzan las culturas, pueblos, comunidades o la humanidad. Una escuela propositiva y no conservadurista.

Referente a estas actitudes, tiempos y velocidades encontramos, particularidades de transformación como: alteración y ampliación de formatos, técnicas instrumentales, cambios en los géneros tradicionales, creación de nuevos géneros respetando eso sí, las estructuras bases, transformación de lar texturas, cambios en los comportamientos de los instrumentos en los formatos, (Base- moldeador).

La Escuela de Música Tradicional debe responder a la superposición de temporalidades de las formas y géneros que comparten espacios en el conjunto actual de la tradición; responder al mosaico de tendencias que caracterizan hoy la práctica y el saber de las músicas tradicionales; debe asumir la mediación de nuevos actores y asimilar nuevas maneras de intervención en el aprendizaje (Tecnologías, video, audio, etc). La escuela debe servir de escenario investigativo a través de la recopilación y sistematización de información, análisis, para así resignificar las músicas tradicionales, además de desarrollar un atento sentido crítico y una capacidad de reconocer y aprovechar el dinamismo de las músicas y de incorporar a su trabajo los elementos de mayor uso tradicional.